El 26 de enero de 2002, 25 militares españoles aterrizaron en Kabul. Era la avanzadilla del primer medio millar de soldados que se desplazaron a Afganistán para participar en la misión más alejada de nuestras fronteras de la época militar moderna.

Pusieron bota en tierra. La previsión: regresar en abril de ese mismo año. En principio, la misión tenía una duración de tres meses. En todo caso, su fecha límite para que ese contingente regresara a España estaba fijada para el 30 de abril. Para entonces, la comunidad internacional tenía la esperanza de haber estabilizado el Gobierno del entonces nuevo líder afgano Hamid Karzai y haber contribuido a la estabilidad del país.

Más de 13 años después, aún hay botas españolas en Afganistán. Han sido casi 30.000 los militares españoles que han pasado por aquel país. Han sido un centenar de ellos los que no han regresado vivos.

Han sido miles y miles de millones de euros los que España ha puesto sobre la mesa en esta campaña para pacificar, controlar, erradicar el terrorismo de aquella zona y dar soporte a un país para que se pudiera convertir en un Estado.

Hoy, los últimos uniformados españoles, los que forman parte de esta misión, tomaron un avión de regreso a España. Allí quedará un retén, apenas una veintena de soldados, pendientes de lo que se vaya dilucidando desde la administración Obama para la coordinación de futuros despliegues en el país.

Desde el minuto uno se sabía que la misión estaba por encima de lo que sería peligrosa. Pese a la insistencia por parte del Ejecutivo de entonces, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, de que los españoles estaban en misión de paz, aquel territorio era ya un avispero. El Ejecutivo del ex dirigente socialista empujó con fuerza la misión en Afganistán después de que acordara la salida inmediata de las tropas de Irak, lo que provocó un potente malestar en la coalición internacional y, fundamentalmente, en Estados Unidos. Para tratar de paliar esta situación, los responsables del Gobierno Zapatero buscaron un acercamiento en Afganistán para congraciarse de nuevo con EEUU.

Los servicios de inteligencia de EEUU detectaron y alertaron desde el minuto uno de la entrada de armas y explosivos que podrían ser utilizados para atentar contra miembros de la fuerza internacional.

Los militares españoles fueron a Afganistán a colaborar en el cambio de aquel país pero sin duda, aquel país también ha provocado un cambio en las Fuerzas Armadas españolas, en sus misiones internacionales. En aquella misión sufrieron en carnes la vulnerabilidad del material que tenía España en equipamiento militar. Primero, con vuelos alquilados para transporte de tropas que supusieron la mayor tragedia militar aérea en la historia española: 62 fueron los fallecidos en el accidente del 26 de mayo de 2003, cuando ya la misión llevaba en marcha más de un año.

Tuvieron que descubrir que los vehículos que utilizaban en la zona no tenían una protección suficiente en sus bajos para hacer frente a las bombas terrestres.

Hasta los 102 muertos que, por diversas causas, han concretado la cifra oficial de fallecidos en la misión de Afganistán.

El silencio político de los primeros meses en torno a esta misión fue muy denso. La atención se centraba en Irak. Y cuando Zapatero optó por aumentar el despliegue en Afganistán, el discurso se lanzó en clave pacifista… era una «misión de paz», era un «contingente humanitario», como si el ejército no llevara armas y se fuera a convertir en una ONG.

La orden defensiva era tan difusa que ni los propios militares tenían muy claro cuándo podían apretar el gatillo.

La zona de influencia española se centró en la provincia de Badghis, donde, pese a ser una zona alejada del frente, los episodios de atentados y de tiroteos se fueron sucediendo. Y las bajas españolas fueron creciendo. Las minas comenzaron a hacer estragos. Ni los militares tenían claras las normas ni los vehículos con los que debían apoyar y patrullar la provincia estaban habilitados.

El Gobierno se puso entonces las pilas y comenzó a dotar a las unidades de vehículos preparados para hacer frente al fenómeno terrorista y a los militares se les impartieron órdenes precisas de defensa personal: al tiroteo taliban se podía y se debía responder. El hostigamiento de la insurgencia sobre las tropas españolas era constante: los ataques se reproducían con armas ligeras, lanzagranadas portátiles o la colocación de las temidas minas terrestres.

Y han sido muchas las toneladas de munición que en estos más de 13 años de misión han sido utilizadas por las Fuerzas Armadas. Todos evitan hacer una estimación de las bajas que los militares españoles han podido causar durante la misión.

El Ejército, poco a poco y con mucho dolor, fue tomando las riendas de la guerra, se hizo a la guerra en aquel país en el que la palabra guerra está en su día a día histórico.

Sobre el papel, la invasión del territorio por parte de la alianza internacional tenía dos objetivos generales: luchar contra el terrorismo internacional tras los atentados del 11-S y ayudar al pueblo afgano a reconstruir su país.

Pese a que los objetivos eran claros, durante los primeros años de la misión, para evitar hablar de que España estaba participando en un conflicto bélico, los responsables de Defensa del Ejecutivo de Zapatero se movieron en el oscurantismo y trataban de evitar hablar de guerra. Sobre la marcha, el Gobierno tuvo que modificar su discurso político y admitir que se estaba en guerra contra el terrorismo.

Ahora, 13 años después, los taliban han sido expulsados del poder y Al Qaeda ha sido descabezada. Pero los grupos radicales estarán lejos de haber sido derrotados y aún mantienen el control sobre zonas importantes del país.

Las estadísticas oficiales concluyen la importancia y el alcance de la misión: más de 1.700 vuelos, 28.137 patrullas en la región de Badghis; más de tres millones de kilómetros recorridos por los vehículos españoles en la zona, 70 millones de toneladas de ayuda humanitaria repartida, más de 14.000 atenciones sanitarias a la población civil de la zona, casi 1.500 misiones de desactivación de explosivos. La cifra oficial de militares que ha pasado por la misión ascienden a los 29.861 soldados.

La presencia española también ha permitido una amplia labor humanitaria en la zona: se ha establecido un sistema de abastecimiento de agua potable y de saneamiento para 18.000 personas; se ha construido un nuevo hospital en Badghis; se han puesto en marcha la logística necesaria para que más de 20.000 niños y niñas puedan ser escolarizados; el suministro para alumbrado público para otras 15.000 personas; restauración y construcción de orfanatos, colegios, bibliotecas, instalaciones deportivas, parques…

Lo que sí está claro es que la presencia española en su zona de influencia ha dejado huella. Ha cedido campamentos enteros a las autoridades afganas que, sin duda, han logrado mejorar su calidad de vida desde la llegada del contingente español. Las lecciones, el adiestramiento a esa población para que sepa organizarse y defenderse? El tiempo irá marcando hasta dónde ha llegado la lección de los maestros.

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Compromiso del Estado Español con la Paz y la Seguridad Mundial.España, “referente mundial de solidaridad, de democracia, de principios, de valores, de bienestar y de progreso”

El ministro de Defensa en funciones, Pedro Morenés, ha visitado a los 20 militares españoles destacados en Kabul que forman parte del Cuartel General de la operación Resolute Support, cuyo principal objetivo es la asistencia, entrenamiento y asesoramiento a las instituciones de seguridad afganas.

La visita se ha iniciado en el aeropuerto de Kabul, donde están destacados diez españoles que forman parte del núcleo de apoyo logístico. Tras desayunar con los soldados, el ministro se ha reunido con el coronel Sebastián Vega Murcia, jefe del contingente, quien le ha informado sobre la misión y las actividades que realizan dentro de la operación.

Posteriormente, Morenés se ha desplazado en un helicóptero ‘Sikorsky’ americano al Cuartel General de la operación Resolute Support, en la capital afgana, donde ha sido recibido por el embajador español en Afganistan, Emilio Pérez de Ágreda, quien le ha acompañado durante su visita. Allí, ha tenido un encuentro con los oficiales destacados en ese Cuartel General y se ha entrevistado con el general británico Tim Radford, segundo jefe de la operación.

En sus declaraciones, el ministro ha destacado los 14 años de presencia española en la misión, “en la que España ha dado lo mejor de sí misma, incluida la vida de 100 soldados y dos intérpretes”. “La memoria de ellos está presente en todos los españoles, muy especialmente en la milicia” ha añadido.

Pedro Morenés ha recalcado que, como en toda misión, hay tres aspectos fundamentales: el cumplimiento de la misión y el de los acuerdos con los países aliados y amigos, así como la seguridad del contingente, lo que contribuye a hacer de España “un referente mundial de solidaridad, de democracia, de principios, de valores, de bienestar y de progreso”.
España, “referente mundial de solidaridad, de democracia, de principios, de valores, de bienestar y de progreso”

Encuentro con policías

Asimismo, el ministro de Defensa ha mantenido un encuentro con los policías que proporcionan seguridad a la Embajada española, donde ha elogiado “el ejemplo de compañerismo y la valentía” de sus compañeros fallecidos recientemente en el atentado y ha manifestado su “orgullo” por su trabajo.

Finalmente, Morenés se ha trasladado al Ministerio de Defensa afgano para entrevistarse con su homólogo, Mohammed Masoon Staneckza. En este encuentro, ha reiterado el agradecimiento español al gobierno afgano por la operación llevada a cabo por las fuerzas policiales de ese país los días 11 y 12 del pasado mes de diciembre para la liberación de la embajada española en Kabul.

El ministro español ha reiterado el compromiso español con la seguridad y estabilidad duradera en Afganistán.

Presencia militar española en Afganistán

El 25 de enero de 2002 España inicia su presencia continuada en este país asiático con la participación en la operación Reconstrucción de Afganistán desplegando unidades militares en Kabul como parte de la Fuerza Internacional para la Asistencia y Seguridad (ISAF).

Tras catorce años, el último contingente de fuerzas español arrió la bandera nacional en octubre del pasado año. A partir de entonces ha quedado un pequeño núcleo de militares que forman parte del Cuartel General de la operación Resolute Support, que sustituyó a ISAF.

Desde entonces, España ha realizado un gran esfuerzo en la contribución a la seguridad y estabilidad internacional, así como fomentando la seguridad, gobernabilidad y desarrollo económico y social de este país.

Esfuerzo que ha supuesto que más de 30.000 militares españoles hayan pasado por Afganistán cumpliendo sus cometidos en los distintos contingentes y realizando, entre sus múltiples actividades, más de 28.000 patrullas, 1.400 misiones de desactivación de explosivos y más de 1.000 inspecciones y controles de armamento entre otras; y recorriendo para ello más de tres millones de kilómetros.

En la actualidad hay 20 militares españoles destacados, de los que 18 son del Ejército de Tierra, y dos del Ejército del Aire. Este contingente tiene asesores en diferentes áreas y asesores integrados en el Cuartel General de la misión. Además, el coronel Vega tiene como cometido el asesoramiento del director de la Logística nacional afgana, responsable de 11 centros logísticos en el área de Kabul, la capital del país.

Un comentario en “Presencia de 25 militares españoles en Afganistán en el Cuartel General de la operación Resolute Support.

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